Mis publicaciones

Titulo de la entrada Titulo de la entrada Titulo de la entrada Titulo de la entrada Titulo de la entrada Titulo de la entrada Titulo de la entrada Titulo de la entrada

miércoles, 5 de abril de 2017

Mierda en mis zapatillas

¡Hola, hola!


¿Cómo estáis? ¿Todo bien? ¿Qué tal la salud? Mi tos y yo estamos más unidas que nunca, pero por lo demás... sin demasiadas novedades.

Bueno, sí, hay una bastante importante, aunque ya hace varios días que debería haber puesto algo aquí al respecto. Como ya sabéis (o no, no lo sé), el año pasado publiqué con Escarlata Ediciones la novela "Mierda en mis tacones" (para más info aquí).

Y, aunque la escribí como autoconclusiva y no tenía intención de continuar con la historia, aquí estoy otra vez para presentaros "Mierda en mis zapatillas", la segunda parte (aunque se puedan leer por separado). Os dejo información al respecto a partir de aquí:


SINOPSIS

La oveja negra ha vuelto a casa, y sus zapatillas aún tienen mucha mierda que pisar. 
Cuatro años atrás, Hanna se fugó con un hombre mayor. Ahora regresa con el orgullo herido y la intención de retomar las riendas de su vida. No será fácil. El rechazo de su hermano, la actituid prejuiciosa de los lugareños, y sus propias inseguridades, le harán la vida imposible, incluso cuando un nuevo amor llame a su puerta.
Dependerá de ella ganarse el perdón que añora y lograr reconectar con su pasado. Por suerte, cuenta con la ayuda de Raquel, la novia de Burke, y la mejor terapeuta del pueblo: la vaca Matilda.



Os hablo un poquito más de ella en este vídeo, que se publicó en el blog Las lecturas de Fransy.



De nuevo, mil gracias al equipo Escarlata por confiar en mí y en estos personajes tan peculiares. Y, por supuesto, gracias a todos los que me habéis apoyado y animado a seguir con esta historia. 

Como curiosidad, os enseño esta ilustración que hice de Hanna, la protagonista. Escarlata Ediciones la incluye en la versión en papel. Y si compráis el ebook en su web, también aparece en el formato pdf.
 
Por cierto, han empezado a salir algunas reseñas ya y son increíbles... Son puro amor, de verdad. Me estáis haciendo plantearme incluso escribir una tercera parte... ¡Madre mía!


Y, aun a riesgo de ponerme ya demasiado pesada, no quiero despedirme sin agradecer también a los blogs que aceptaron participar en el Book Tour de esta nueva historia. Siempre se han portado increíble conmigo y, además, hicieron unas entradas chulísimas para esa "Semana de mierda" en la que tanto me divertí. 



¿Qué os parecen la portada y la sinospis? ¿Os apetecería leerla? ¿Habéis leído la primera parte? Contadme vuestras impresiones, si os apetece. 

¡Feliz miércoles!

martes, 14 de febrero de 2017

Relato "Tú, yo y dos cartones"

¡Hola, hola!

Hace mucho que no me paso por aquí, así que, antes de nada, quiero pediros perdón. (¿Cuántas veces he empezado así una entrada del blog? Creo que he perdido la cuenta). Sí, he estado muy liada terminando el borrador de una novela, con el trabajo, con... la vida en general, pero aun así... me habría gustado no dejar tan abandonado el blog. Siento también no haber visitado prácticamente los vuestros, de verdad.

No voy a prometer que estaré más presente por aquí, aunque me gustaría intentarlo. Supongo que es cuestión de organizarse (ja... suerte con eso, Lorena).

Desde la última vez que estuve por aquí, hemos cambiado de año, y, aunque sí lo he felicitado por las redes sociales, aprovecho para desearos por aquí también un 2017 lleno de felicidad, salud, amor y muchísimas risas.

Bueno, y dicho esto... os cuento qué hago aquí hoy. Es San Valentín (ah, sí? No me digas? No nos habíamos enterado. Gracias, Lorena) y, aunque creo que el amor es algo que se demuestra día a día, me apetecía compartir aquí un relato breve que escribí hace tiempo y que, justo un día como hoy de hace tres años, quedaba cuarto en el sorteo que organizó Estefanía del blog Ecos de la distancia por San Valentín.

Sin más, aquí os lo dejo. ¡Feliz martes!





TÚ, YO Y DOS CARTONES.

La habitación está en silencio. Observa los posters del Gran Cañón que le trajo hace semanas y que ahora decoran toda la pared de la ventana, y sonríe. No es como estar allí de verdad, pero al menos disimulan el aura fría típica de los hospitales. Cuando se pone nervioso, ella le recuerda que los mire y piense solo en el día en el que por fin estén allí, juntos.
Está durmiendo, y eso es tan raro en él que prefiere pasar de puntillas y sentarse a su lado sin hacer ruido. Su pecho sube y baja de forma pausada, sus párpados envuelven esos ojos castaños que ella adora. Le acaricia el pelo oscuro con dulzura y recuerda que necesita cortárselo. Cree percibir una ligera sonrisa en sus labios; debe de estar soñando algo bueno.
Le encanta verlo así, tan relajado. Odia cuando su rostro se contrae de dolor cada día sin que ella pueda hacer nada.
Lo ha echado de menos. Se acomoda en el sillón y le coge la mano. Está fría, como siempre.
—Ha pasado una mala noche —dice la enfermera al asomarse por la puerta.
Alba frunce el ceño y suspira.
—No debí haberme ido —responde, torturada por la culpa. María sonríe.
—Llevas tres meses durmiendo aquí, Alba. Necesitabas una noche para recargar pilas. Además, ya conoces a Álvaro; casi nos obligó a echarte.
La chica sonríe con tristeza y asiente, aunque sigue arrepentida. Vuelve la cabeza hacia él y descubre que está despertando.
—¡Eh! Hola, dormilón. —Se levanta y le da un beso en los labios.
—Mira quién habla. —Se frota los ojos y bosteza—. ¿Has descansado?
—Como un bebé —miente ella. No piensa confesar que se ha pasado la noche entera llorando.
—Estás más guapa que nunca —le dice él antes de cerrar los ojos y sonreír mientras aspira—. Y además hueles a lavanda. ¿Lo has hecho por mí?
—Pues claro —Le guiña un ojo—. Hoy es San Valentín, ¿recuerdas?
La sonrisa de Álvaro va desapareciendo mientras baja la vista.
—Ojalá pudiera llevarte a cenar —se lamenta. Alba se sube a la cama y se tumba junto a él. Hunde la nariz en el hueco de su cuello.
—Estar contigo es todo lo que quería para este día, así que gracias.
Se quedan un rato así, en silencio, observando las imágenes de la pared.
—Cuando vivamos juntos, todo será diferente —dice él. Ella se ríe por lo bajo y chasquea la lengua.
—¿Otra vez con eso? No tenemos dinero. Además, ya vivimos juntos. ¿O acaso no duermo contigo cada noche? —añade con picardía.
—Hablo en serio —repone Álvaro y la mira fijamente, casi como si la desafiara—. Voy a vivir contigo.
Sus ojos brillan con determinación y pasión, pero Alba sabe que ese deseo jamás llegará a cumplirse. Traga saliva; tiene un nudo en la garganta.
—¿Y se puede saber dónde? —pregunta, porque prefiere seguir con la ilusión—. ¿Bajo un puente y entre cartones?
—Pero serán nuestros cartones —insiste él. Los dos se echan a reír.
Alba no quiere pensar en eso. No quiere pensar en que esa habitación será la última que compartan, porque entonces volverá a derrumbarse.
—¿Sabes? Tienes razón. Las paredes están sobrevaloradas —añade y hace un mohín con la mano.
—Entonces… ¿tú, yo y dos cartones? —le pregunta Álvaro entusiasmado.
Alba se acerca tanto que las puntas de sus narices se tocan.
—Tú, yo y dos cartones —susurra.
Álvaro sonríe agradecido y de repente da un respingo.
—¡Tengo algo para ti!  —exclama.
—¿Para mí? —pregunta ella, extrañada, mientras se aparta un poco.
—No creerías que me olvidaría de tu regalo, ¿no?
—¿Regalo…? —Se pasa un mechón de cabello por detrás de la oreja. No sabe muy bien por qué, pero se ha puesto nerviosa.
—Cierra los ojos —le pide él mientras dirige la mano hacia el cajón. Alba obedece sin rechistar y comienza a tocarse los dedos—. ¿Preparada? ¡Ábrelos!
Delante de ella hay un ramo de rosas de papel hechas a mano. —Álvaro… es precioso. —Lo coge despacio para no deshacerlo mientras intenta controlar sus emociones. La barbilla está a punto de temblarle.
—Sé que no son rosas de verdad, pero… —Te quiero —le interrumpe ella antes de robarle un beso.
Él le responde con ganas y le vuelve a hacer sitio en la cama para rodearla con su brazo.
—Pero yo te quiero más.