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domingo, 11 de octubre de 2015

Diario Be: ¿Hacer la compra o una odisea?



¿Por qué?
¿Por qué tengo la casa llena de bolsas del súper y luego, a la hora de la verdad, no llevo ninguna encima?
¿Por qué me toca pagar cinco, diez o los céntimos que sean (CADA VEZ) por algo que ya tengo? Y como necesito tres o cuatro bolsas cada vez, puedes imaginarte la cantidad que deambula por mi casa como fantasmas sin rumbo.
"Guárdate una en el bolso, idiota. O en el coche, ¿por qué no te las dejas en el maldito coche?".
Pues porque llego cargada como una mula y cuando termino de guardar la dichosa compra (empapada en sudor y de muy mala leche), de lo que menos me acuerdo es de dejar la puta bolsita en algún sitio a la vista para luego llevarla conmigo. Bastante tengo con acordarme de tomarme un Aquarius para reponer las sales minerales que he perdido cargando con semejante peso.
Y te preguntarás si mi compañera de piso, Natalia, no mueve el culo para echarme una mano. Verás, ella es más de productos ecológicos (y caros), así que un día tuve que plantarme y decirle que cada una se pagara su compra. Vale, igual soy una rata, pero a mí me la suda que mis lechugas estén llenas de pesticidas si luego voy a poder llegar a fin de mes. Pagar a medias esa locura iba a terminar provocando que me duchara con agua fría, y solo un par de veces por semana.

Diario Be: Querido verano... [Septiembre de 2014]


Querido verano:

¿Por qué no te vas ya a la mierda?
Ha sido genial, de verdad, pero ya no te aguanto. Y, ¿sabes? No eres tú, soy yo... que sudo como un maldito cerdo 23 horas al día (la que queda la suman las distintas duchas que me doy al día).
¿Por qué sigues atormentándome cada noche, obligándome a pagar un dineral en luz? Porque sí, tengo el ventilador conectado a todo trapo en todo momento, acartonándome los ojos, resecándomelos, evaporando cada lágrima que los humedece. Ya ni siquiera puedo llorar.
Y créeme, tengo ganas. Y son por ti, querido verano.
Creo que ya está bien, ¿no te parece? Al fin y al cabo, las vacaciones se han terminado. ¿De qué me sirves ya? ¿De qué sirves a nadie, maldita sea?


Diario Be: El poder de un buen café



¿Sabes esos días en los que piensas que habría sido mejor no levantarte?
Hoy es uno de esos para mí, y solo me apetece gritar o romper cosas (preferiblemente sobre la cabeza de mi jefa, pero no se lo digas).
Joder, qué puñetero agobio... ¿Acaso cree que soy Spiderman y puedo atravesar la ciudad en diez segundos con mi tela de araña? Lo único que tengo esta mañana son legañas, y no son tan resistentes. Así que tendrá que aceptar que es imposible que me cruce Madrid entera varias veces para enseñar tres pisos en apenas cuarenta y cinco minutos. ¿Está loca o qué?